
Hace unos meses tuve la oportunidad de visitar a Rosario Sánchez Mora en su casa de Madrid. Allí estaba leyendo, a sus 88 años , el libro autobiográfico de Marcos Anna Decidme cómo es un árbol. Al llegar, nos dijo que no nos esperaba. Pensaba que habíamos quedado otro día.
Durante las dos horas que estuvimos con La Dinamitera volvió a hacer de nuevo un esfuerzo para recordar aquellos años en los que realizó, involuntariamente, ese “ turismo carcelario” que le llevó a varias prisiones de España. Nos contó algunas anécdotas y acontecimientos que Carlos Fonseca ya había recogido en la biografía de Rosario. Detalles terroríficos y duros de esos días que otras como Soledad Real, Tomasa Cuevas, Juana Doña o Julia Manzanal se habían preocupado de que todo el mundo pudiera conocer a través de sus escritos. Pero tuvimos el privilegio de que Rosario estuviera delante de nosotros, sentada en su salón, reviviendo momentos de su dura vida y emocionándose en más de una ocasión . Lo importante no sólo era lo que nos contaba, sino cómo nos lo contaba.
Un mes después volvimos a encontrárnosla en la inauguración de una exposición sobre las cárceles franquistas de mujeres.Nunca se perdía ningún acto que sirviera para que no cayera en el olvido las atrocidades cometidas aquellos años. Cuando nos vio, se apresuró rápidamente a saludarnos.
Un mes después volvimos a encontrárnosla en la inauguración de una exposición sobre las cárceles franquistas de mujeres.Nunca se perdía ningún acto que sirviera para que no cayera en el olvido las atrocidades cometidas aquellos años. Cuando nos vio, se apresuró rápidamente a saludarnos.
Rosario era enterrada ayer en el Cementerio Civil de Madrid. Desgraciadamente, ya no podremos disfrutar de su presencia, pero nos deja todos esos recuerdos y momentos que ha compartido con muchos de nosotros . Por ello, tenemos la obligación de que no se olviden y que permanezcan en el presente y en el futuro, igual que permanecerá para siempre el poema que le dedicó Miguel Hérnandez en 1937. Gracias, Rosario, por compartir con nosotros tus vivencias.
Rosario, dinamitera
Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.
Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.
Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!
Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.
Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.
Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.
Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!
Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.
Miguel Hernández
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